De forma pionera en el mundo, se propone usar células Treg de tejido tímico para regular la respuesta del sistema inmune y evitar el rechazo en trasplantes.
El objetivo de este nuevo tratamiento llevado a cabo por investigadores del Hospital General Universitario Gregorio Marañón es prolongar de forma indefinida la supervivencia del órgano trasplantado y, por lo tanto, la vida del paciente. Cuenta con el apoyo de la Organización Nacional de Trasplantes y con la del programa de trasplantes de Canadá.
El trasplante de órganos es uno de los grandes hitos de la medicina, pero sigue sin ser una solución definitiva por el rechazo inmunológico del organismo del paciente al órgano trasplantado, que puede poner en peligro su vida.
Por ejemplo, en el caso de niños, la viabilidad limitada del órgano trasplantado está lejos de poder garantizar una esperanza de vida comparable a la de menores sanos.
A lo largo de los últimos años, varios estudios científicos han demostrado que el sistema inmunológico posee un mecanismo intrínseco de regulación o tolerancia mediado por unas células llamadas T reguladoras (Treg) que controlan y reducen las respuestas inflamatorias inadecuadas.
Los numerosos ensayos realizados hasta la fecha demuestran que esta terapia es segura al emplear las propias células del paciente, pero no se ha conseguido la eficacia terapéutica esperada dada la baja cantidad y calidad de las “envejecidas” células Treg que se extraen de la sangre de adultos.
Mientras, en los niños, a pesar de que la calidad de las Treg se supone que es mejor, esta terapia era inviable por el bajísimo número de Treg que se obtienen del pequeño volumen de sangre que se puede extraer a pacientes pediátricos.
De los tres niños en tratamiento, la primera en recibirlo fue la pequeña Irene, de seis meses, que nació con una cardiopatía congénita que requería un trasplante cardíaco, ella ha recibido por primera vez en el mundo esta terapia innovadora tras ser trasplantada de corazón en el Hospital Gregorio Marañón.
Seis años de investigación en el Gregorio Marañón
En los últimos seis años, el Laboratorio de Inmuno-regulación del Hospital Gregorio Marañón, dirigido por Rafael Correa Rocha, ha estado investigando cómo extraer grandes cantidades de Treg y de alta calidad empleando una fuente alternativa a la sangre.
El trabajo de investigación de Esther Bernaldo de Quirós, Marjorie Pion y el resto de este equipo, ha permitido desarrollar una estrategia totalmente nueva para fabricar dosis terapéuticas de células Treg a partir de un tejido que cubre el corazón y que se desecha habitualmente en el transcurso de las cirugías cardiacas infantiles: el timo.
Las células Treg obtenidas de tejido tímico (o thyTreg) poseen cualidades únicas y una altísima capacidad reguladora. Gracias al protocolo que ha desarrollado este grupo, pueden adquirir miles de veces más células que las que se pueden obtener de la sangre.
Este ensayo es el primero a nivel mundial que realiza una terapia con Treg en niños trasplantados, y sobre todo, es el primero que emplea en humanos células thyTreg obtenidas de tejido tímico en vez de Treg de sangre, con lo que se han conseguido un mayor número de células y de mucha mejor calidad, lo que permite el uso de esta terapia avanzada en pacientes pediátricos.
La terapia celular con las células thyTreg puede restablecer el correcto equilibrio inmunológico y podría inhibir por completo o reducir en gran medida las respuestas inmunes responsables del rechazo, prolongando de forma indefinida la viabilidad del órgano trasplantado y con ello la vida del paciente.
La pequeña Irene
De los tres niños en tratamiento, la primera en recibirlo fue la pequeña Irene, de seis meses, que nació con una cardiopatía congénita que requería un trasplante cardíaco, ella ha recibido por primera vez en el mundo esta terapia innovadora tras ser trasplantada de corazón en el Hospital Gregorio Marañón.
La niña evoluciona favorablemente en su respuesta inmunológica y se estudia exhaustivamente cómo la terapia thyTreg puede disminuir el riesgo de rechazar su nuevo corazón, sobre todo en el primer año postrasplanteque es el periodo más crítico.