Eran las seis y media de la tarde cuando un grupo de 40 agentes del ERICAM partían hacia Turquía para encontrarse con la masacre creada por un terremoto de gran escala. A su llegada, los efectivos tenían una misión clara y concisa: ayudar en las tareas de búsqueda, rescate y salvamento a las víctimas de este seísmo, un cometido que siguen cumpliendo a día de hoy.
Así, el pasado ocho de febrero el ERICAM aterrizó en el Aeropuerto de Adana, próximo a la región afectada por el seísmo. Los agentes se instalaron en un campamento completamente montado y equipado, el cual se convertiría en su residencia hasta que terminasen la misión. Para algunos era su primera experiencia a bordo del equipo, y mostraban verdadero entusiasmo en la tarea que se les había encomendado, "es una intervención laboriosa y muy satisfactoria a la vez".
Es una intervención laboriosa y muy satisfactoria a la vez
Algunos agentes también han ido compartiendo sus experiencias dentro del operativo. Testimonios esperanzadores como el de Mamen, "hemos conseguido salvar a una persona y sacar también a su hermano", mezclados con otros más amargos, los efectivos iban narrando lo que estaban viviendo dentro de los rescates: "primero ha sido bastante duro y triste porque tuvimos la sensación de que había una persona viva que estaba entre dos losas de hormigón que la oíamos hablar y que, a lo mejor, no la íbamos a poder sacar. Fue un momento durísimo, se me cayó el mundo encima". No obstante, pronto se dieron cuenta de que sí había una esperanza de rescate, "con la experiencia de el GEA turco y nuestra valentía, al final, y después de trece horas, lo hemos sacado".
Ahora, nuestros agentes siguen con las labores de rastreo en edificios derruidos y rescatando a gente de entre los escombros.